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6.11.07

crack

Que los compañeros de trabajo no te preguntaran cuándo habías empezado a fumar fue un gesto noble. Tendrías que haber explicado que hace una semana te separaste de tu mujer, en una charla serena y prevista, y que ya en la calle, frente al primer kiosko, buscaste con la mano que no sostenía el bolso un billete en el bolsillo y pediste el primer atado de cigarrillos de tu vida: un Marlboro box. Después descubrirías que los chicles de menta le otorgaban al tabaco un mentolado perfecto. Perfecto porque no te daba sed, te permitía fumar más o al menos todos los que no habías fumado en treinta y seis años y de paso cañazo adelgazabas. Pero eso sería después.
ghg
Camino al consultorio, los que en la calle te cruzaron deben haber pensado que te ibas o llegabas de algún viaje. Por la época del año, verano, se supone a la costa Atlántica, a la nuestra. Mar del Plata, ponele. Una ciudad que te parecía otra ciudad, que no había llegado a ser, una promesa incumplida. Pero eso fue también lo que sentías de tu matrimonio cuando pasaron unas vacaciones en el departamento de tu suegra en la ciudad Feliz. Entonces lo que sentiste por ella, es quizás lo que pensaste de Mar del Plata, o ¿al revés?.
hjhj
En la puerta del edificio del consultorio, a veinte cuadras de donde hacía unos minutos habías dejado de vivir y en el bolsillo del pantalón, de la campera, del bolso no estaba la llave. Primera torpeza, demasiado pronto. Acá están, dijo tu ex mujer por teléfono. Del pantalón que habías dejado arriba del lavarropas para lavar, a un remis, a tu mano pasarían otros minutos. Pero su contenido no sería la espera, sino una acción mítica: encender tu primer cigarrillo. Por supuesto que olvidaste comprar algo imprescindible para el afianzamiento del vicio, el encendedor. Recién el tercer peatón te convidó fuego. Aguardaste que se alejara unos metros, para darle en la rudimentaria intimidad que se puede tener en la calle, la primera y profunda bocanada de humo.

22.8.07

knockturno 2


- ¿Acá?, pregunta Pau
- …
Mira alrededor. Gastón termina de un trago el líquido anaranjado que queda en el vaso, espera que la mirada de Pau vuelva apoyarse sobre la suya, la toma de la mano y con un leve movimiento hacia adelante del mentón señala la otra punta del bar. Pau aparta la mano de Gastón, se incorpora y se pierde en la penumbra sin volver la mirada. Gastón se toma el medio vaso de cuba libre, revisa si tiene un nuevo mensaje en el celular.
Al costado, el almohadón vacío, aún conserva la forma que el cuerpo de Pau le imprimió al sentarse y que Gastón acaricia antes de guardar su celular en el bolsillo del saco. Al ponerse de pie, el terciopelo le desparrama un intenso escalofrío por la espalda.

18.8.07

knockturno 3

En el interior del baño sólo se oye la respiración agitada de Gastón, el sonido metálico de la hebilla de su cinturón que raspa contra el suelo de mosaico, y los encendidos y esporádicos gemidos de Pau. El baño es amplio, cómodo. El fuerte olor a desodorante de ambiente de limón hace del aire un jarabe espeso, irrespirable. El único foco de una lamparita dicroica inunda las paredes de azulejos azules con una luz blanca de flash. En la pared opuesta al inodoro, la puerta resiste los acolchados golpes del groove que despiden los parlantes.
Las largas piernas de Pau se anudan a la cintura de Gastón, cuyos cuádriceps a punto de estallar soportan el constante balanceo. Su pecho sembrado de pelos absorbe los torpes y débiles golpes que le reparten las desorganizadas tetas de Pau. Libre comercio de fluidos. Pau hunde sus uñas pintadas de un rojo almodóvar en los brazos extendidos de Gastón. El sudor de su espalda vuelve la fría pared de azulejos una superficie resbaladiza. En el piso de mosaico, la cartera bordó, la remera con mangas largas, la musculosa blanca, sobre la musculosa la zapatilla de Gastón.

10.8.07

escribir es mandato

No te voy a contar qué hice, merecer o no merecer- Después te divertís con lo que digo. Y ¿yo? pobre yo, va quedando menos de yo. Le regalé, porque la noche empezó con el cumpleaños de un amigo de tatro, un cuarto de helado de chocolate y dulce de leche. porque hay q pensar cosas piolas para ESE después. para el abajón. kimi novak, para qué seguir yendo a ese lugar, si sólo quedan representantes, yo y el prolema de la representración, hoy leyendo desgrabado de filosofía política, y después me tomo un cajé con un amigo en TEA CONNECTION, qué lindos sillones, estar sentado en la moda. las que miran son rubias y españolas, sí que fichan, pronto en alguna fiesta electrónica nos entrañarán, porque ya /ese ya es de viejo) no voy a raves electrónicas. en algún momnto habrá que admitir que no se fue, que pasaron al costado, no atravesados. pobar la chica de mi generación. tics. HAY QUE CUMPLIR. vos cunplís, yo cumplo, nosotros cumplismos. MANDATOS DE ÉPOCA, el psico de avivó, me sacó la ficha de esto, pero cómo pararlo, esto, cómo se para. el PLAYes fácil, esá garantizado, pero después a la buena de Dios. viste cómo volvió. gracias a Dos, ni lo quiero decir, pero está. algpun día será una figura poética. me gustaría dceir, sólo Dios sabe cuánta plata gasté esta noche, porqye este yo, poco le interesa. si hay se gasta.yo así me consumo. cuándo me darán un diploma por consumir con tanto ahínco, el orgullo de gastar. ella hizo su bille, de ella poco y nada tenía, ni labios ni cola, pero esa sed implacable de bille, su lengua rascándome el bille. y eso que miré bien, con ojo macho. buscando una cola dura cell, pero ella sólo rasqueteaba el bille. lo tuvo, yo también tuve. perfumes feos aunque poderosos. allores, eso mañana aparece, se prende al día. la nariz recuerda. en la clase de canto algo de esto voy a decir, algo, poco supongo. como acá, ventilar menos ¿ya es programa? contarte ¿por qué? contar el cuento para que sea coronado. y te sale gratis. la sacás barata, yo pongo la vida. la digo de nuevo, vida, porque se acaba. otro mandato, macho y entonces tonto, vivir AL PALO, ERECTO, NO PERDER EL FILO Y LA FILO, después esto es cuento, pero mientras tanto, aprovechar que todavía RESPIRA.

23.6.07

salida de Tillo

Ya me olvidé cuando fue la última vez que salí con una mina, ¿seis meses? tanto no, ¿dos? demasiado generoso. Con el afán de consolarme, hoy repasé mentalmente varias de las salidas. Grande fue la sorpresa cuando una de mis peores enemigas (siempre imprecisa e impuntual), mi Memoria, ofrecía de su archivo recuerdos con nitidez pixelada. Fue un instante, pero en todo caso, el tiempo suficiente para que lograra desentrañar la dinámica que compartían todos aquellas salidas. Aquí entonces, con todos ustedes, mi Salida Modelo.
No la llamaré sin antes decidir una acción concreta que haré mientras hable con ella (ir a buscar algo a la heladera, doblar ropa para guardarla en el ropero, etc). La acción que desarrolle no deberá exigir demasiado mi concentración o poner en riesgo mi integridad física. Nimia acción que adquirirá su valor y grandeza cuando cumpla la doble función de: equilibrirar la dosis adecuada de atención hacia la Amada y por otra parte otorgue agilidad mental. Qué práctica rara, pero cuánto más fácil será decidir, hacer reír, sorprender si tengo el cuerpo en movimiento. El ritmo liga.
Por economía de signos, eligiré el Duna Weekend para pasarla a buscar por su casa. Si en la siguiente salida uso el Clio, retrospectivamente, mi Inteligente Amada leerá allí un rasgo de caracter: es perfil bajo. Resignaré la primer salida el signo "auto fachero" que exige esfuerzo moneytario por el valor del "humilde" que exige mayor esfuerzo espiritual.
(esto recién empieza...
ella me contará sus problemas, yo ocultaré los míos ...
ella se sentirá una mina difícil porque no vamos a coger la primera salida, yo evitaré el miedo de que no se me pare).

19.6.07

knockturno

El género del programa es ostensivamente indefenso "ir a ver a la banda de un amigo". Pero desprovisto de propuestas y con la ilusión de que con el último acorde del show suene en mi celular un mensajito con la dirección de alguna fiesta imperdible, acepto la invitación.
La información "en frente del Teatro" resulta demasiado escueta. Después de recorrer la zona, sobre la avenida Alvarez Thomas advertimos una puerta de reja entreabierta. La fachada del lugar (stencils en las paredes, afiches fluorescentes) coincide con la otra parte de la información "es un antro". Débiles luces iluminan el interior del lugar y guían nuestros pasos hacia la barra. Pocas figuras se adivinan, el resto o aún no vino o mora en la oscuridad. El económico precio de la cerveza de litro augura, ineludible Destino, una borrachera feroz.
La primera de las bandas (bajo, gaita vasca y voz con delay) es apenas soportable y justifica que abandonemos el lugar aticipadamente. Pero, para nuestra desgracia, "la banda de mi amigo" toca última. Decido premiarme con un cigarrillo. Dentro del estoico y ridículo régimen de fumar sólo los fines de semana, este sería el tercero. Nada dije de mi amigo Dean, quien se adjudicará el protagónico en el "the end" de la salida. Para su fortuna el pelo le creció lo suficiente como para ocultar el auto-corte rolinga al que se condenara el mes pasado.
La segunda banda "Los Cuzcos" sube al pequeño escenario. Se sienta a la batería una joven rubia de pelo corto y aspecto ucraniano. Frente al micrófono un chico vestido con jean ajustado y campera de cuero presenta un riff con el bajo con distorsión. Suena muy power. La baterista se arriesga por momentos a llevar la melodía. "Es una bestia", pienso, "qué energía tiene". Siempre puntual, Dean prende un porro.
Un tema atrás de otro, tragos de cerveza fría y unas secas nos depositan a las doce de la noche en un lugar envidiable. Los primeros sacudones, por supuesto que torpes, de la noche. Mientras la pipa de unos vecinos de mesa cae en mi mano, sube al escenario "la banda de un amigo". Aún atestado de gente, el lugar no suma el pobre número de cincuenta personas.
***
Lo que viene: conocemos a Fátima (rubia, trans y cantante), hacia Kimi Novak, la amiga que no encontramos (la dealer Umma no está más) la vamos a buscar al Rosedal.

18.5.07

servicios knockturnos

Fin de semana pasado, luego de inclinar incontable cantidad de copas y hacer una marivuelta ¿dónde depositar tanta ebriedad?. Fiesta en Le Parc, alguien arriesga, de una amiga de una amiga de una amiga. Allá vamos. Una caravana funeraria de coches por Libertador.
Entrar al Le Parc por la puerta grande, suena consagratorio, pero ¿de qué?. En el auto el tema son mis pantalones: negros, tipo de equitación ... hasta ahí bien ... pero de la rodilla hasta el talón tienen ojitos como para cordones y por supuesto un cordón elástico que ajusta. No pensé que iban a tener tanto éxito en la gastada. Comprados ese mismo día, estrenarlos justifica la salida con Amigos del Colegio. Puedo ser mucho más ridículo, pienso, pero parece que con poco alcanza.
¿Dónde es la entrada del edificio? Ocupa la manzana entera. Veo Canoso con jean y campera de cuero, y ya creo que es Guillote Cóppola. ¿A mí me llama? "Sí, a vos Pantaloncito". Explica que las chicas están arriba y que fue a buscar más al auto. Lo sigo a paso acelarado, cuando me pellizca el culo. Vuelo desilusionado, me quería enterrar el pinocho, debo confesarles a mis amigos. Estallan a carcajadas los rostros que instantes atrás recibían la desalentadora noticia en boca del portero "la fiesta terminó chicos"
Dueño de uno de los autos, la fatalidad de acercar a los del Centro a sus hogares. Nos detiene el semáforo de Oro y Libertador, cuando asoma Belleza Rubia de atrás de unos autos estacionados. La económica pollera ofrece unos ejercitados muslos a las miradas hambrientas de todos los tripulantes. Pelo corto, labios recién pintados y encumbrada en unos tacos altos. ¿Está esperando un taxi?
Saluda y nosotros respondemos a coro su saludo. Paula se llama y acerca su pancita con abdominales de ravioles a la altura de la ventanilla del Acompañante Jaime. En el tiempo que se demora el cambio de semáforo, Paula intuye el destino de nuestra noche pero arriega:
"¿UN PETICOLA POR CINCUENTA?"

15.5.07

mi primera pasti (parte II)


Vallas, controles, entradas en mano, check-in ... estamos adentro. El enorme predio está rodeado por una circunferencia casi perfecta de tents, en el centro una inmensa armazón de caños articulan el escenario principal. Quiero, necesito, muero, por tomarme la pasti YA. Tiempo. Soy aconsejado de resolver antes: baño, compra de cigarrillos (bendito seas puesto de Camel) y agua mineral. Como en un operativo comando supero audazmente cada uno de los obstáculos, cola de gente alistada frente a los baños químicos, un motín desarticulado frente a la barra de Speed y un terreno de charcos y barro uniforme. Mi humilde Vietnam.

Vuelvo, me reporto a la Apoyabici y escucho con fruición una interminable lista de recomendaciones. Sólo alcanzo a retener una “no nos separemos”, quizás porque la repitió más de una vez y tengo el oído entrenado al inagotable fluir de advertencias maternas. Separarse podría ser el pasaje directo a la peor de las amenazas: un Mal Viaje. Recuerdo oportuno un comentario que alguna vez Diego dejó caer al pasar “sólo pueden pegar bien”.

Reunidos en el punto que convenimos arreglar como meeting point o LTP (lugar de persona perdida), descorchamos las primeras aguas. Como a una obra de arte de algún bioquímico contemporáneo, admiro la lágrima violeta que sujeto con el dedo índice y pulgar. Quisiera acariciarla, dejarla rodar por la palma de mi mano, y que en un descenso acelerado por mi brazo en alto ingrese a mi boca sin rozarme los labios. La tomo rápido, antes de que se me caiga al barro, cuando ya algunos emprenden la travesía hacia la carpa más cercana.

8.5.07

mi primera pasti (parte I)

Noche de sábado. Una interminable cola de gente abraza la Costanera Sur. A lo lejos se adivinan las cúpulas de varias carpas que supongo gigantes. Qué frío. La espera desespera y consume mis últimos cigarrillos. ¿Cuántos le quedarán a Clari? ¿Venderán adentro?

A nuestro encuentro, arriban tímidos aunque sostenidos beats de algún tema que desconozco. Los caramelos están en la mochila de la Sauvage, pero advertido de la escasa cuota que me sería administrada durante la noche “son para todos” debo aguardar que otro le pida para conservar la impunidad. Lleva puesta una bincha roja con brillos que deja al descubierto su frente, su pelo ¿hoy anaranjado? descansa en los hombros ocultos bajo una campera impermeable blanca, pantalón largo y unas botas negras medio hardcore regalo de su madre. Economía de su indumentaria: la comodidad.

Los últimos tres días de lluvia garantizaron la omnipresencia de barro en la superficie de la vereda. Error fatal, mi calzado. Unas zapatillas relativamente nuevas que fueron bienvenidas a mi ropero al poco tiempo que mi hermano mayor se cansara de usarlas. Si bien la interminable cola apenas avanza, la gente que empieza a formar fila detrás nuestro brinda cierto alivio “podríamos estar peor”.

Lú, encargada de la difícil tarea de reconocer a los novios Ramo y la Apoyabici (que ya deberían haber llegado), entre la gente que camina a un costado de la cola: vendedores de remeras, artículos luminosos, bebidas; viste la misma musculosa negra y ropa interior que en la última fiesta electrónica. Entre aquellas presencias satelitales vemos pasar en más de una oportunidad a un joven que prescinde del brazo izquierdo. Imagino que lo perdió en la última fiesta electrónica y que hoy vino con el noble motivo de festejar el alta concedido por los médicos. A las chicas no les causa gracia mi comentario.

Débiles gotas, amenaza de lluvia. Se habla poco, la lamentable ausencia de Diegote, experiencias comunes pasadas. Se deja de hablar, ya los cuatro entendimos que los comentarios no hacen sino poner en evidencia lo tediosa que resulta la espera. “Allá están los chicos”, señala Lú, justo cuando estamos por alcanzar el vallado. ¡Vino Diego!