23.1.08

mamás cancheras

Cada cuadra que camino verifica el éxito de las políticas de natalidad en Alemania. Como consecuencia, no sólo han venido al mundo más rubios y rubias sino también "mamás cancheras". En general tienen dos o más piercings, son jóvenes y lindas y ya todas abandonaron a sus progenitores por este nuevo chiche que viaja en un carrito fashion. Falta que salga una publicidad: "y vos, qué estás esperando para una ser una mamá canchera?".

21.1.08

KGB


Así se llamaba el bar que me emborrachó este sábado. Como bien dijo la chilena (cantante de ópera) que me lo recomendó, KGB es un bar lo suficiente comunista: paredes rojas, techo rojo, fotos de Lenin, el Che, y sólo cerveza rusa. Volver al hostel fue difícil, muy.

10.1.08

salió el saco


Generó desde sospechas (en qué peli salió este?) hasta certezas (mirá este pelotudo!).

29.12.07

Las Botox

Para Juli
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Por supuesto que ninguna de ellas hubiera respondido a ese nombre. No eran un grupo, parientes ni amigas. Tampoco las únicas, en otros barrios -fuera de Palermo- también las habría. Pero nadie sino ellas, ellas seis, Vane Eli Su Tamara Romi Grá y Sonia: las Botox, nadie sino ellas hubiera pasado a la historia, tapas de diarios y revistas, por lo que pasó ese día en la calle Ugarteche.
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Como el resto de las chicas, Vane Bustamante, era una sobreviviente. Sí, una sobreviviente. Hija hacía cincuenta y tres años, madre de Éricca hacía veintiséis y viuda hacía ocho, decidió operarse las lolas. Era, para los demás, un cambio menor y superficial, por supuesto. Pero fue, eso lo supo después, el primer push up del verdadero Cambio, como les dijo a las chicas la vez que lo contó.
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Fui a buscar los estudios y ¿quién me estaba esperando?. Cara seria, guardapolvo punta en blanco y zapatitos náuticos: el Doctor Estambulián, adivinaron todas. En la otra punta del pasillo, la que venía arrastrando un bolso más grande que ella ¿era? ... ¿era? ... Yo. En el bolso, comodísimo, que había usado para el parto de Éricca, llevaba ropa y todo en caso de que el Doc decidiera operarme en ese mismo instante. Es un difícil con los turnos, coinicidieron todas. Vane Bustamante se quedó pensando en el bolso de embarazada, en su compañía nada fortuita. Presente en el nacimiento de su hija y en las que nacerían ese día: sus lolas nuevas, duras y resplandecientes.
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La cara seria del doctor Estambulián anticipaba el resultado de los estudios. Impacientes, aguardaban en el interior de un sobre papel madera. La noticia fue abrumadora. Ubicados frente a una pantalla, observaban oscilar las manchitas que aparecían en las ecografías de mama. Ésas, señaló el doctor. Lo que para Vane era un arreglo floral, para Estambulián era un cáncer de mama que habían agarrado a tiempo. Ahora yo, le dijo al doctor y a las chicas la vez que lo contó.
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(sigue..)

14.12.07

bondades labiales

La generosidad de tu boca
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haciéndome un pete
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reclamaba este poema.

12.12.07

los chicos piden pizza

La semana pasada una amiga Morocha se acostó con cuatro masculinos. Cuatro. Cuatro distintos perfumes, ropa, edad, manera de hablar, de coger, de dormir, temas de conversación y variados destinos vacacionales.
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Ayer a la noche, en el living del envidiable PH palermitano de una amiga Pelo Corto, a la hora de la cena, entre deliberaciones de delivery, Morocha confesó que quería todo menos pizza: los cuatro masculinos, tan pero tan distintos, habían pedido pizza.

4.12.07

todo lo que la luz me permitió atrapar - por Sofía Fatale

Costa


Gonzalez


Juan Cruz








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Gracias y gracias a todos los que vinieron.
Gracias Juli, Juan y Simón.

19.11.07

lo que se empezó a usar

dswds
Se agranda el diccionario. Agregale a tu lengua dos nuevos piercing:
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amigos con derecho a goce
dsds
estar conjuntivitis (si fumaste)

6.11.07

campañas profilácteas

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PONÉTELO
ANTES DE PONERLA
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NO IMPORTA DONDE LA PONÉS
IMPORTA QUE TE LO PONGAS

crack

Que los compañeros de trabajo no te preguntaran cuándo habías empezado a fumar fue un gesto noble. Tendrías que haber explicado que hace una semana te separaste de tu mujer, en una charla serena y prevista, y que ya en la calle, frente al primer kiosko, buscaste con la mano que no sostenía el bolso un billete en el bolsillo y pediste el primer atado de cigarrillos de tu vida: un Marlboro box. Después descubrirías que los chicles de menta le otorgaban al tabaco un mentolado perfecto. Perfecto porque no te daba sed, te permitía fumar más o al menos todos los que no habías fumado en treinta y seis años y de paso cañazo adelgazabas. Pero eso sería después.
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Camino al consultorio, los que en la calle te cruzaron deben haber pensado que te ibas o llegabas de algún viaje. Por la época del año, verano, se supone a la costa Atlántica, a la nuestra. Mar del Plata, ponele. Una ciudad que te parecía otra ciudad, que no había llegado a ser, una promesa incumplida. Pero eso fue también lo que sentías de tu matrimonio cuando pasaron unas vacaciones en el departamento de tu suegra en la ciudad Feliz. Entonces lo que sentiste por ella, es quizás lo que pensaste de Mar del Plata, o ¿al revés?.
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En la puerta del edificio del consultorio, a veinte cuadras de donde hacía unos minutos habías dejado de vivir y en el bolsillo del pantalón, de la campera, del bolso no estaba la llave. Primera torpeza, demasiado pronto. Acá están, dijo tu ex mujer por teléfono. Del pantalón que habías dejado arriba del lavarropas para lavar, a un remis, a tu mano pasarían otros minutos. Pero su contenido no sería la espera, sino una acción mítica: encender tu primer cigarrillo. Por supuesto que olvidaste comprar algo imprescindible para el afianzamiento del vicio, el encendedor. Recién el tercer peatón te convidó fuego. Aguardaste que se alejara unos metros, para darle en la rudimentaria intimidad que se puede tener en la calle, la primera y profunda bocanada de humo.